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sábado, 19 de diciembre de 2009

Nacimiento

Tras mi primera iniciación de reiki, este último mes ha sido caótico. Todo se volvió patas arriba, en extremo, alterando todo los órdenes, de arriba a bajo, de izquierda a derecha de dentro a fuera y de fuera a dentro, alrededor, circularmente, para no dejar nada en su sitio. Y cuando ya toda mi energía desaparecía sólo me quedaba Dios. El Vacío, el silencio, y el Todo.

Feliz Navidad amig@s. ¡Es el Nacimiento, renacimiento del Dios que hay en cada uno de nosotros!

Ahí van unas palabras de Soma, Maestro de Yoga:

AMAR
El Hatha Yoga en pareja es el arte bello del amor sin sexo.
Cuando le tocas a tu pareja, las puertas del cielo se abren.
Cuando te apoyas en ella, aprendes a caer.
Cuando le sostienes, desarrollas la capacidad de proteger.
Cuando te sostienen, aprendes a confiar.
Cuando te ayuda, aprendes a ser humilde.
Cuando le ayudas, anhelas ser uno entre dos.
Cuando le pisas, surge la compasión.
Cuando te pisa tu pareja, aceptas la adversidad.
Cuando la elevas, aprendes a valorar.
Cuando te elevan, valoras la sencillez.
Cuando tu pareja es mejor que tú, aprendes a reconocer.
Cuando es peor que tú, aprendes a ensalzar.
Cuando os miráis, son vuestras almas las que se ven.
Cuando te enlazas a ella es para que te ayude a ser libre con más fuerza.
Cuando te estira, es para que no te arrugues ante el temor.
Cuando estiras a tu pareja, es para que conozcas los límites de la belleza.
Cuando lográis algo difícil, es para que comprobéis que nada es imposible.
Cuando os agarráis de las manos, es para prometeros fidelidad eterna.
Cuando no puedes con ella, es para que sepas que otros no han podido contigo.
Cuando tu pareja no puede contigo es para que aprendas a ceder.
Cuando te arriesgas con ella, aparece la amistad verdadera.

SILENCIAR
Estás tocando una estrella del Cielo cuando tocas un cuerpo humano.
Cuando dos o más estemos reunidos en nombre del Atmán, Él estará entre nosotros.
En la práctica del Hatha Yoga en pareja puedes integrar si lo estimas oportuno el gesto del silencio que se expresa de varias formas:
Si tienes ganas de parlotear, silénciate.
Si te apetece finalizar, silénciate.
Si tu anhelo es practicar con otra persona, silénciate.
Tanto si te gusta como si no te gusta lo que estás haciendo, silénciate.
Si estás cansado, silénciate.
Si no llegas a donde llega tu compañero, silénciate.
Si tienes otras cosas mejores que hacer, silénciate.
Si tienes ganas de gritar o enfadarte con tu compañero, respira y silénciate.
Si te surgen ganas de abrazarlo, sonríe y silénciate.
Si te lesionas, detén la práctica y silénciate.
Si no sabes cómo aplicar una práctica, la intuición y el silencio te lo transmitirán.
Si alguna práctica te da miedo, el silencio te aportará valor.
Si crees que no lo haces bien, visualiza la perfección en silencio.
Si no sabes cómo entrar en silencio, silénciate.
Es entonces cuando tu cuerpo y tu alma serán "uno" y expresarán la maravilla.
Y como he comprendido que para explicar el silencio lo mejor que puedo hacer es callarme...


miércoles, 2 de septiembre de 2009

Krishnamurti y la vacuidad

Por fin he terminado un libro que escribió Michael Krohnen, el que fuera durante las últimas décadas cocinero de Krishnamurti, en Ojai (California). Se titula Crónicas desde la cocina: 1001 comidas con Krishnamurti. Realmente, me ha dejado un buen sabor de boca, y no, no es un libro de cocina, aunque aparecen citadas al comienzo de cada capitulo unos menús a propósito de los cuales Krohnen, cuenta anécdotas de la convivencia con uno de los maestros espirituales más controvertidos del siglo XX.

Krishnaji, como le llamaban sus cercanos, es presentado como una persona cercana, sencilla, llena de humor e irónica (pero siempre con respeto).

Para los que nos gusta leer sus escritos y pláticas, y cotillear un poquito en la autobiografía de los grandes Seres, este libro ofrece numerosos detalles desde el más profundo cariño, hasta las últimas horas de su vida. Había leído hace una década una biografía de K., Los años de plenitud escrita por Mary Lutyens cuando éste todavía no había fallecido. Mi madre, que lo había escuchado en Saanen (Suiza) en 1974, me regaló mi primer libro sobre K. cuando yo tenía 18 años, Usted es el mundo.

Muchos pensarán que las biografías en estos casos es como la prensa rosa de la espiritualidad, y tal vez es posible, pero se nos cuentan tantas cosas de Seres iluminados y místicos de hace tantos siglos, que resulta dificil a menudo creer que gente así existió. En seres como Krishnamurti o Paramahansa Yogananda, por ejemplo, los datos son mucho más frescos, más recientes. Son personas que vivieron "casi" en el mundo actual que vivimos, mucho más K., que murió en 1986.

En estas memorias de Michael Krohnen, Krishnamurti es próximo, pero sentía al leerlo que siempre había un aura de misterio en él. Esta mañana tras terminarlo, he repasado algunos fragmentos de Los años de plenitud y he entendido que ese misterio, no es tal, todo lo contrario. Es la más absoluta vacuidad. De niño incluso era como si tuviera un "retraso" ... es el vacío de su Ser y de su mente fundiendose siempre con la Eternidad. Nada más simple. Esa vacuidad, casi ateista que caracteriza también el budismo zen. Vacuidad y sencillez. A veces buscamos demasiado, esperamos demasiado, queremos demasiado e idealizamos demasiado el fenómeno de la iluminación y la realización de la Conciencia Crística en nosotros... Todo es más sencillo, si, si... Está aquí mismo.

Contó Krishnaji en una ocasión un cuento que decía: Había una Maestro espiritual, que todas las mañanas realizaba una charla a sus discípulos. Como todas las mañanas, se sentó frente a ellos dispuesto a hablar, cuando de repente, se posó sobre el alfeizar de la ventana un pajarillo que comenzó a cantar. El maestro se quedó en silencio, mientras sonaba el canto. Pasados unos minutos el pajarillo paró y salió volando. Entonces el maestro abrió la boca y dijo: el sermón a terminado.
Las grandes verdades necesitan pocas palabras, ninguna.

SAT NAM