1. Mettá: amor incondicional y benevolencia.
2. Karuna: Compasión incondicional, empatía.
3. Uppekkha: Ecuanimidad inconmensurable.
4. Mudita: Alegría por el logro del bien ajeno.
Si bien es importante e interesante tener la ocasión de meditar sobre estar virtudes, también podemos cultivarlas en nuestro día a día, si ponemos atención en nuestros pensamientos. No como un policía, sino como un observador ávido por dar con las triquiñuelas del ego, las excusas, la envidia, de la complacencia y condescendencia de nuestros pensamientos y acciones. Y como si se trataran de ingredientes de un plato suculento, aderezar nuestra vida de estos sublimes e inconmensurables pensamientos.
*Para más información sobre asana o los yoga sutra de Patanjali, puedes leer el artículo Sobre los ocho brazos del yoga publicado en éste mismo blog.


En un primer momento, las reglas de Yama, como la no-violencia, el no robar, el brahmacharia, etc... se asemejan a «Los 10 mandamientos de la Ley de Dios», lo que ayuda a complementar nuestras «normas de conducta» en el contexto personal y social, sin embargo, es necesario profundizar en el verdadero sentido de Yama para no quedarnos en una mera actitud superficial de civismo. Al aceptar plenamente la Ahimsa nuestra atención hacia el ejercicio del bien hacia todos los seres, de pensamiento, palabra, acción u omisión comprometerá nuestra vida de manera global. Comprometidos pues en que ese bien, también es hacia nosotros mismos y por tanto deberíamos ser conscientes de que actitudes egoístas, afán de lucro, autoengaño, pasiones desenfrenadas –satya, asteya, bramacharia, aparigraha–, aunque puedan «satisfacer» aparentemente nuestro orgullo, no hacen sino alimentar precisamente aquello que deberíamos «matar de hambre». ¿Pero cómo conseguir aplacar la incansable voracidad de nuestro orgullo? Parece «la pescadilla que se muerde la cola».


