La Primera Noble Verdad que enseñó Buda es “la presencia del sufrimiento”. Al tomar conciencia del sufrimiento ajeno y del nuestro propio, podemos experimentar compasión, y es a través de la compasión que cimentamos nuestra existencia como un acto de Amor. La Beata Teresa de Calcuta decía que tocaba el Cuerpo del Crucificado, en cada uno de los enfermos y leprosos que cuidaba.
“Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."
Entonces los justos le contestarán:
"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»
Y el rey les dirá: "Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. MATEO 25, 31-46
“Yo y el Padre somos Uno”. JUAN 10:30
