"Me niego a comer animales porque no puedo alimentarme del
sufrimiento y la muerte de otras criaturas. Me niego a hacerlo, porque
yo mismo sufrí de una forma tan dolorosa que puedo sentir el dolor de otros al recordar mis propios sufrimientos."
Edgar Kupfer
Prisionero del campo de concentración de Dachau, escribió
durante su encierro
Os comparto una entrevista que nos realizaron a mi pareja y a mi con motivo del Día Mundial del veganismo (pasado martes 1 de noviembre) para la edición digital de Las Provincias.
La pasada semana, el 1 de noviembre, se celebró el Día Mundial del
Veganismo. Este estilo de vida se basa en una alimentación que excluye
la carne, el pescado, los huevos o los productos lácteos. En definitiva,
todo alimento que tenga origen animal. Además, es una filosofía que se
extiende a otros ámbitos de la vida. Hemos acompañado a una pareja
vegana durante una mañana para que nos expliquen cómo viven ellos el
veganismo.
“Para nosotros el veganismo, más allá de una simple dieta, es una
forma de vida; gracias a tomar conciencia a través del amor y compasión
hacia los demás seres, tienes en cuenta tu forma de alimentarte para
ejercer el menor daño posible, evitando la explotación animal, y también
tu forma de vestir y de relacionarte con el planeta”, explica Javier
Torres. Este valenciano, de 33 años, decidió convertirse en vegano hace
cuatro años. Lo hizo junto a su pareja, María Silvestre, que era
vegetariana desde que cumplió la mayoría de edad. “Evitamos cualquier
producto de origen animal como son las carnes y pescados, los huevos o
los lácteos, cualquier producto que haya provocado un sufrimiento animal
en su proceso de producción”, destaca Javier.
“No es lo mismo lo que puedes hacer que lo que quieres hacer, y hoy
en día existe la posibilidad de poder alimentarte de forma variada y
cubriendo cualquier necesidad alimenticia, sin necesidad de consumir
productos de origen animal”, asegura. Realizan la mayoria de sus compras en el Mercado Central y el Mercado
de Convento Jerusalén, además de compras específicas en comercios como
Fet en L’Horta o Punto Ki. “Nuestra base de alimentación es cereales,
legumbres, fruta y verdura, algas y alguna cosa específica en un momento
determinado, por lo que la mayoría de cosas las encontramos en mercados
convencionales”, señala Torres. “Ser vegano no conlleva tener que
gastar más en tus compras ni tener que rebuscar productos diversos para
complementar tu alimentación”, añade. Una vez en casa, María se dispone a preparar la comida para la
familia que completa su hija Jade, de dos años y medio. El menú consta
de una paella de verduras que incluye arroz integral, zanahoria, tomate,
guisantes, brócoli, champiñones y algas. “Contrariamente a lo que se piensa, se puede ser vegano y no consumir
productos ecológicos; muchos veganos, a veces, hacen su transición al
veganismo, pero no comen adecuadamente, y hace falta un aprendizaje,
porque es importante alimentarse saludablemente, notar que los alimentos
nos nutren y que hacen que nuestro cuerpo sonría”, explica María. Javier y María decidieron convertirse en veganos ya siendo adultos,
sin embargo están criando a su hija pequeña dentro de ese estilo de
vida. “Hemos intentado alimentarle de la misma manera que nosotros
mismos, pero adaptándolo a sus necesidades; no va a tomar ciertos
alimentos de sabor fuerte, o demasiado salados; a día de hoy es una niña
muy sana”, asegura María. En el futuro, cuando la pequeña Jade se convierta en una mujercita,
será ella quien decida qué comer y cómo. “Nosotros le explicaremos por
qué hacemos una alimentación vegana, y será decisión suya si quiere
continuar así; nosotros decidimos libremente en su momento, y será ella
quien decida”, concluye María.