martes, 7 de marzo de 2017

Marzo en Valencia

Cuando las Fallas me causaban gran alegría
Sat Nam,
mes de marzo y para los que vivimos en Valencia, este mes no significa que tenemos la primavera cercana, que sin duda lo está, sino que las Fallas lo impregnan todo. Hay
quien huye de Valencia, hay quien las ama y disfruta con el espíritu fallero, hay quien las sufre y no puede "huir" de la ciudad, hay quien simplemente sigue adelante "a pesar de" las Fallas. ¡Me gustaría decir que soy de la primera opción! pero lo cierto es que desde que nací, excepto un año en el que viví en el extranjero, el resto de Fallas las he vivido, disfrutado, sufrido, y vuelto a sufrir año tras año, es decir, opción tercera y cuarta.  ¿Cómo puede ser que esta festividad popular, genere tantas y diversas reacciones no sólo entre una persona y otra, sino en una misma persona? Por que la festividad es la misma, la música, los petardos, la masa humana, la suciedad, los olores, las calles cortadas, las molestias derivadas de ésta ecuación, siempre han sido las mismas... Por que yo no soy la misma.  Yo soy cada día nueva, mis emociones, intereses, y estados de ánimo son nuevos y diferente, sólo en apariencia es lo mismo. Y lo que hoy me agrada, creo o pienso, puede que no sea de mi gusto mañana ni opine igual. Puedo "sufrir", "huir", "evadirme", o ¿puedo VIVIR las Fallas, no desde el espíritu fallero si no lo comparto, sino durante esos días observar, oler, andar, escuchar, tal vez incluso "disfrutar" del bullicio, y a veces, a menudo la falta de civismo que produce el encuentro de tanta humanidad en unos días de "todo se puede", sin opinar, sin fragmentar mi mente en agrado o disgusto, alegría o enfado? ¿Puedo? ¿Quiero pensar que sí? Y quiero aprender de la sabiduría de mi hija, que se sorprende y alegra al ver los trajes de las falleras, los petardos a los que no teme, los colores y formas de las propias fallas, iluminación de las calles y por qué no caer en la tentación (sólo por Fallas) de comer algunos churros o bunyols de carabassa.  Buen mes de marzo, que sigáis viviendo y siendo.

sábado, 14 de enero de 2017

Me niego a comer animales porque no puedo alimentarme del sufrimiento y la muerte de otras criaturas

"Me niego a comer animales porque no puedo alimentarme del sufrimiento y la muerte de otras criaturas. Me niego a hacerlo, porque yo mismo sufrí de una forma tan dolorosa que puedo sentir el dolor de otros al recordar mis propios sufrimientos."
Edgar Kupfer 
Prisionero del campo de concentración de Dachau, escribió durante su encierro 
y en secreto 'Los animales, mis hermanos'

[ilustración: Jo Frederiks]

martes, 8 de noviembre de 2016

Veganos en Valencia: así comen, así viven. Entrevista

Os comparto una entrevista que nos realizaron a mi pareja y a mi con motivo del Día Mundial del veganismo (pasado martes 1 de noviembre) para la edición digital de Las Provincias.
Fuente original:
Por: Rafa Muñoz | Valencia  

La pasada semana, el 1 de noviembre, se celebró el Día Mundial del Veganismo. Este estilo de vida se basa en una alimentación que excluye la carne, el pescado, los huevos o los productos lácteos. En definitiva, todo alimento que tenga origen animal. Además, es una filosofía que se extiende a otros ámbitos de la vida. Hemos acompañado a una pareja vegana durante una mañana para que nos expliquen cómo viven ellos el veganismo.



“Para nosotros el veganismo, más allá de una simple dieta, es una forma de vida; gracias a tomar conciencia a través del amor y compasión hacia los demás seres, tienes en cuenta tu forma de alimentarte para ejercer el menor daño posible, evitando la explotación animal, y también tu forma de vestir y de relacionarte con el planeta”, explica Javier Torres.
Este valenciano, de 33 años, decidió convertirse en vegano hace cuatro años. Lo hizo junto a su pareja, María Silvestre, que era vegetariana desde que cumplió la mayoría de edad. “Evitamos cualquier producto de origen animal como son las carnes y pescados, los huevos o los lácteos, cualquier producto que haya provocado un sufrimiento animal en su proceso de producción”, destaca Javier.

“No es lo mismo lo que puedes hacer que lo que quieres hacer, y hoy en día existe la posibilidad de poder alimentarte de forma variada y cubriendo cualquier necesidad alimenticia, sin necesidad de consumir productos de origen animal”, asegura.
Realizan la mayoria de sus compras en el Mercado Central y el Mercado de Convento Jerusalén, además de compras específicas en comercios como Fet en L’Horta o Punto Ki. “Nuestra base de alimentación es cereales, legumbres, fruta y verdura, algas y alguna cosa específica en un momento determinado, por lo que la mayoría de cosas las encontramos en mercados convencionales”, señala Torres. “Ser vegano no conlleva tener que gastar más en tus compras ni tener que rebuscar productos diversos para complementar tu alimentación”, añade.
Una vez en casa, María se dispone a preparar la comida para la familia que completa su hija Jade, de dos años y medio. El menú consta de una paella de verduras que incluye arroz integral, zanahoria, tomate, guisantes, brócoli, champiñones y algas.
“Contrariamente a lo que se piensa, se puede ser vegano y no consumir productos ecológicos; muchos veganos, a veces, hacen su transición al veganismo, pero no comen adecuadamente, y hace falta un aprendizaje, porque es importante alimentarse saludablemente, notar que los alimentos nos nutren y que hacen que nuestro cuerpo sonría”, explica María.
Javier y María decidieron convertirse en veganos ya siendo adultos, sin embargo están criando a su hija pequeña dentro de ese estilo de vida. “Hemos intentado alimentarle de la misma manera que nosotros mismos, pero adaptándolo a sus necesidades; no va a tomar ciertos alimentos de sabor fuerte, o demasiado salados; a día de hoy es una niña muy sana”, asegura María.
En el futuro, cuando la pequeña Jade se convierta en una mujercita, será ella quien decida qué comer y cómo. “Nosotros le explicaremos por qué hacemos una alimentación vegana, y será decisión suya si quiere continuar así; nosotros decidimos libremente en su momento, y será ella quien decida”, concluye María.